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La política del orgasmo y el placer

Desde la década de 1970, el movimiento feminista ha ido ganando terreno en la esfera política, abordando cuestiones que van más allá de lo que tradicionalmente se consideraba el ámbito personal de las mujeres. Temas como el derecho al placer sexual, la capacidad de decir “no”, el lesbianismo político, así como los debates sobre el aborto, la violación, el abuso sexual, la pornografía, el acoso sexual y la prostitución han sido introducidos en el ámbito político. Esta transformación no solo ha permitido una mayor visibilidad de la sexualidad femenina, sino que también ha desafiado las normas establecidas respecto a lo que se considera “normal” en el ámbito sexual.

Las investigaciones sobre la sexualidad femenina han cobrado una gran importancia en este contexto. Entre los sexólogos destacados, como Masters y Johnson, así como Fisher y Kaplan, se ha descubierto que la capacidad de las mujeres para alcanzar el orgasmo está intrínsecamente relacionada con el clítoris. Esta evidencia cuestiona las nociones tradicionales que han priorizado el orgasmo vaginal como el único “natural” y “superior”, lo que a su vez pone de relieve una opresión histórica de la sexualidad femenina. La feminista Anne Koedt, en su ensayo “El mito del orgasmo vaginal”, argumenta que:

“Las mujeres han sido definidas sexualmente en términos de lo que complace a los hombres; nuestra propia biología no ha sido analizada adecuadamente. En cambio, se nos alimenta el mito de la mujer liberada y su orgasmo vaginal, un orgasmo que en realidad no existe.”

Este argumento ha generado un intenso debate en torno a la sexualidad femenina, ya que en aquellos tiempos se creía que “las mujeres que preferían la estimulación clitoriana a cualquier otra forma de actividad sexual podían ser consideradas frígidas y necesitar asistencia”.

La construcción social de la sexualidad

A pesar del descubrimiento de que el orgasmo clitoriano es real y accesible, Masters y Johnson afirmaron que solo el coito que culmina en un orgasmo puede considerarse “normal”, insinuando que la estimulación del clítoris se produce automáticamente durante la penetración. Sin embargo, esta afirmación fue criticada por la feminista Alix Shulman, quien sugirió que:

“Supongo que, así como un pene se ‘estimula’ automáticamente por la ropa interior de un hombre cada vez que da un paso.”

La investigación de Shere Hite reveló que un 82% de las mujeres afirmaban haberse masturbado, y de estas, el 95% podía alcanzar el orgasmo de manera regular y sencilla. Hite argumentó que “las mujeres saben cómo disfrutar de sus cuerpos; nadie necesita decirles cómo. No es la sexualidad femenina la que tiene un problema, sino la sociedad que tiene un problema en su definición de sexo y el papel subordinado que esa definición asigna a las mujeres.”

En este sentido, la noción de que el placer y la sexualidad son constructos sociales, más que biológicos, se vuelve esencial. Hite también señalaba que “el modelo sexual predominante en nuestra cultura explota y oprime a las mujeres”, sugiriendo que nuestras nociones de sexo podrían ser redefinidas o incluso desmanteladas.

La politización del placer y la resistencia

A pesar de las críticas hacia su postura, el argumento de Hite promovió la politización de la sexualidad femenina. Algunas feministas comenzaron a referirse al clítoris como “el mejor amigo de la mujer”, mientras que las lesbianas políticas afirmaban que el lesbianismo era más una “elección política” que una identidad sexual biológicamente determinada. En este marco, Adrienne Rich introdujo el concepto de “continuum lésbico”, donde propone que “todas las mujeres pueden compartir un ‘rango de experiencias identificadas con mujeres’, desde cualquier forma de ‘unión contra la tiranía masculina’ hasta el sexo genital.”

En el contexto actual, el mito del “orgasmo vaginal” continúa afectando a millones de mujeres en una sociedad donde la dominación masculina sigue siendo prevalente. Sin embargo, en países que han experimentado movimientos feministas, la prostitución ha sido reinterpretada por algunos como una forma válida de expresión de la sexualidad femenina. En este sentido, hay quienes promueven prácticas y productos de la industria del sexo como parte de un empoderamiento femenino. Sin embargo, esta visión puede ser problemática y genera discusiones en torno a lo que significa realmente la libertad sexual para las mujeres en una sociedad patriarcal.

Desafíos contemporáneos en la sexualidad femenina

La lucha por la emancipación sexual femenina sigue vigente, enfrentando retos que van desde la desinformación hasta la perpetuación de mitos dañinos. Algunos de los desafíos más destacados incluyen:

  • Estigmatización de la sexualidad femenina: Las mujeres a menudo enfrentan juicios sociales por expresar su sexualidad, lo cual puede llevar a la represión de deseos y necesidades.
  • Desigualdad en la educación sexual: En muchas culturas, la educación sexual carece de un enfoque inclusivo que aborde la sexualidad femenina de manera adecuada.
  • Violencia sexual: La violencia sexual contra las mujeres sigue siendo un problema crítico que silencia sus voces y limita su libertad sexual.
  • Normalización de los mitos sexuales: Mitos como el orgasmo vaginal continúan siendo perpetuados, lo que afecta la percepción que las mujeres tienen de su propia sexualidad.
  • Comercialización de la sexualidad: La industria del sexo a menudo explota el cuerpo femenino, lo que plantea preguntas éticas sobre la autonomía y el empoderamiento.

Reflexiones sobre la sexualidad y el feminismo

La relación entre el feminismo y la sexualidad es compleja y multifacética. A medida que las mujeres continúan luchando por el reconocimiento de sus derechos sexuales, también deben enfrentarse a la necesidad de redefinir lo que significa el placer. Las voces de mujeres como Hite y Koedt han sido fundamentales en esta conversación, ofreciendo perspectivas que desafían las narrativas dominantes sobre la sexualidad. En última instancia, la búsqueda del placer sexual debe ser entendida como un derecho, no solo personal, sino también político.

La historia de la sexualidad femenina está llena de luchas, descubrimientos y reivindicaciones. A medida que avanzamos hacia un futuro más igualitario, es vital que el diálogo sobre la sexualidad continúe, promoviendo una comprensión más amplia y justa de lo que significa ser mujer y experimentar placer en un mundo que a menudo intenta definir nuestras experiencias desde la perspectiva masculina.

Referencias:

Caprio, Frank. The Sexually Adequate Woman. NY: The Citadel Press, 1963.
Hite, Shere. The Hite Report on Female Sexuality. NY: Dell, 1976.
Jeffreys, Sheila. “How Orgasm Politics Has Hijacked the Women’s Movement.” A Magazine of Critical, Independent Thinking. Spring 1996. Web. 29 June 2016.
Koedt, Anne. “The Myth of the Vaginal Orgasm.” Radical Feminism. NY: Quadrangle, 1972.
Shulman, Alix. “Organs and Orgasm.” Women in Sexist Society: Studies in Power and Powerlessness. ed. Vivian Gornick and Barbara K. Moran. NY: Signet Books, 1972.